El 5 de octubre de 2026, Expansión contó el caso de Helicon, una deeptech nacida este año en California y cofundada por el ingeniero aeroespacial español Edmundo Sanz-Gadea junto a su socio Alex Nieahaus. La compañía acaba de cerrar una ronda de 14 millones de euros (unos 16 millones de dólares) liderada por AlleyCorp, fondo de capital riesgo con sede en Nueva York.

El problema que atacan es concreto: los materiales compuestos como la fibra de carbono se siguen produciendo de forma muy manual, lenta y laboriosa. Hasta ahora su uso se concentraba en nichos como la Fórmula 1, los aviones de combate o los satélites. Según el fundador, una nueva generación de fabricantes de drones y de sistemas aeroespaciales y marítimos no tripulados ya está pidiendo volúmenes mucho más altos de estas piezas.

Una planta automatizada en Los Ángeles

El dinero se destinará a construir una fábrica en Los Ángeles y a comprar el equipo industrial necesario. Sanz-Gadea calcula que estará lista en aproximadamente un año. La idea es que la planta, apoyada en herramientas de IA y robots, cubra todo el ciclo: desde el diseño de la pieza y los moldes hasta la fabricación y el control de calidad.

No es otra app de IA: es una fábrica física donde el software decide cómo se produce.

¿Por qué Los Ángeles? El fundador explica a Expansión que la ciudad es un polo aeroespacial clave en Estados Unidos, que allí están cerca de sus clientes y que les da acceso a ingenieros de software de primer nivel.

De Londres a California

El proyecto se gestó en Londres, donde Sanz-Gadea conoció a su socio y cerró una ronda presemilla. Ese primer capital les permitió pasar seis meses en San Francisco para acercarse al ecosistema de IA y a los inversores con más músculo; después trasladaron la base de la compañía a Los Ángeles.

El plan B se llama Europa

Helicon no piensa quedarse en EE.UU.: su intención es replicar el modelo de plantas automatizadas en el mercado europeo. El fundador lo vincula con la reindustrialización del continente, con cadenas de suministro propias en cada país y con reducir la fuerte dependencia actual de fabricantes chinos.

Lectura LRM

El caso encaja en un patrón que Expansión subraya: fundadores españoles que se mudan a California para estar cerca del capital y del talento en IA. La diferencia es el producto. Helicon no vende software, sino capacidad industrial, y eso convierte su primera fábrica angelina en la prueba de fuego: si la planta llega a tiempo y produce a escala, el regreso a Europa dejará de ser una promesa y pasará a ser un plan con números.