CarbonFarm, startup francesa que combina imágenes de satélite y desarrollo de proyectos para reducir las emisiones del cultivo de arroz, cerró una ronda Serie A de 7 millones de euros, sobresuscrita, liderada por Colam Impact. Así lo informaron Europa Press el 16 de octubre y la gestora barcelonesa Suma Capital, que entra a través de su fondo SC Climate Tech Ventures I.
Para Suma Capital es un estreno: es la primera vez que ese fondo invierte en una compañía que no es española, dentro de su plan de apostar por el sur de Europa y ganar peso poco a poco en el centro del continente. En la ronda también participan Proparco, elea, Working Capital Fund, Albo y BPI France, y repiten Serena, makesense (vía Racine²) y Techmind, según la propia CarbonFarm.
Qué mide y por qué importa
La empresa ofrece lo que en el sector se llama MRV digital: medición, reporte y verificación de emisiones parcela por parcela, con análisis satelital apoyado en inteligencia artificial, datos recogidos en el campo y modelos de cálculo de gases. Con esa base acompaña a sus socios en proyectos de créditos de carbono y en programas de descarbonización de la cadena de suministro de grandes compradores.
El Ecosistema Startup, citando a tech.eu, recuerda que el arroz concentra cerca del 12% de las emisiones de metano generadas por la actividad humana, y que buena parte del margen de mejora está en cómo se maneja el agua en los arrozales.
Sevilla, Ebro y el salto a América Latina
CarbonFarm ya ha trabajado en 19 países. En España participa en el proyecto Oryzonte, que anima a arroceros de Sevilla a usar el agua con más eficiencia, y colabora con Ebro Foods y marcas del grupo como Tilda. Entre sus clientes cita también a Mars Food, Diageo y BASF. Con el nuevo dinero quiere reforzar su tecnología, crecer en Asia, África y Europa y acelerar su llegada a Latinoamérica.
Lectura LRM
En el mercado de carbono, un crédito vale lo que vale su medición. Para cooperativas, gremios arroceros y desarrolladores de proyectos en la región, la expansión de CarbonFarm abre la puerta a alianzas como socio local; para los fondos españoles, confirma que la tecnología climática ya se invierte con mirada internacional.